Saludos a todos y gracias por abrir el debate, compañero. Voy a responder con toda la sinceridad del mundo, porque veo que mi nombre anda circulando y prefiero aclararlo yo mismo sin paños calientes.
Primero: lo de la edad no es ninguna fantasía. Hay quien cree que a los setenta y cinco ya estás para el desguace, pero eso es un tópico muy manido. Todo depende del estado físico de cada uno. Hay hombres de mi edad que están para el arrastre: próstata operada varias veces, artrosis que no les deja ni levantarse de la butaca, corazón con marcapasos, medicación que les quita las ganas de todo… a esos, lógicamente, ni se les pasa por la cabeza. Pero también hay otros —y yo estoy en ese grupo— que hemos cuidado el cuerpo lo razonable: nunca fumé en exceso, bebo con mesura, camino todos los días, controlo la tensión y el azúcar, llevo años con testosterona de reposición bajo control médico… y, sobre todo, mantenemos una vida sexual activa. Consecuencia: erecciones que responden (con pastilla de apoyo cuando hace falta, que a esta edad es lo normal), ganas intactas y aguante para disfrutar una hora sin apuros. No soy un chaval de veinte, pero tampoco estoy para el asilo. Así que sí, a los setenta y cinco se puede, y se puede bien, siempre que el cuerpo no esté hecho polvo y uno tenga ganas de verdad.
Segundo: no busco compañía ni paliar la soledad. Mi mujer falleció hace tiempo, mis hijos y nietos están en España y hablamos casi a diario, tengo amigos aquí y allá… no estoy solo ni mucho menos. Lo que busco es placer sexual puro y duro, deseo sin más vueltas. Me pone a mil el sexo con chicas muy jóvenes: su piel tersa, su frescura, su energía, su forma de moverse, esa carita que ponen cuando se corren (o fingen de maravilla, que también sirve). Es vicio a secas, no terapia sentimental. Si quisiera charlar con gente de mi quinta me iría a un parque o a un bar de jubilados. Pero cuando quiero follar, quiero follar con una chavala de dieciocho o veintidós añitos que me mire como si fuera el hombre más deseado del planeta durante esa hora. Y muchas veces lo consigo.
Tercero: sin los servicios de pago sería prácticamente imposible. Con setenta y cinco años, por mucho que uno se conserve y esté en forma, ligar chicas tan jóvenes de forma natural (en bares, aplicaciones o donde sea) es muy complicado. La diferencia de edad es abismal, la mayoría de las chicas de esa edad ni se plantean salir con un hombre que podría ser su abuelo, y si lo hacen es por interés económico, lo que termina siendo mucho peor que contratar estos servicios. Al menos, aquí, con las prepagos, todo está claro desde el minuto uno: yo pago un precio justo (nunca regateo ni pido descuentos de viejo), soy limpio, respetuoso, amable, no pido nada violento ni extraño, no las humillo, no las presiono más allá del tiempo contratado. Ellas saben que es trabajo: ganar dinero y dejar al cliente contento. Mientras les dé incentivos suficientes (dinero + buen trato + cero complicaciones), la gran mayoría se esfuerza de verdad y muchas veces lo pasan bien también (o al menos lo disimulan de lujo). No hay engaño ni abuso si es consensual, hay respeto mutuo y cada uno saca lo que quiere: yo placer intenso, ellas dinero y un rato tranquilo. Y bueno al final si a la chica en cuestión no le atrae la idea de tener sexo con un hombre que le saca más de 50 años, lo cual es comprensible, ella es la que debe sopesar si la recompensa por hacerlo merece la pena. Muchas veces me he encaprichado por alguna chica y he tenido que pagar de más para conseguirla, esto no deja de ser un negocio entre dos personas adultas.
Y añado una cosa más importante: hay muchos más hombres de mi edad y en mi situación haciendo exactamente lo mismo. Lo que pasa es que la gran mayoría son extremadamente discretos. No escriben en foros, no presumen con nadie, no dejan rastro en redes ni en WhatsApp. Pagan en efectivo, usan números de prepago, eligen apartamentos discretos, no repiten con la misma chica muy a menudo para no crear vínculos… en fin, hacen todo lo posible para que nadie se entere. Yo soy de los pocos que se atreve a contarlo aquí porque me da igual lo que piensen y porque creo que no hay nada de malo en disfrutarlo mientras uno se cuide y respete. Pero creedme: en Medellín, en Bangkok, en Bogotá,Ciudad de México o en cualquier sitio con turismo sexual, hay decenas de jubilados europeos, americanos o lo que sea, de setenta para arriba, que están en la misma situación que yo. Solo que no lo exhiben.
Espero que esto aclare un poco sus dudas jejeje