daviduhicha
Parroquiano
- Puntaje
- 7
Durante seis meses me propuse comprobar una hipótesis personal: ¿son únicamente las trabajadoras sexuales quienes aceptan tener relaciones a cambio de dinero, o también lo harían mujeres consideradas “comunes y corrientes”?
Para ello, abordé mujeres en distintos espacios —redes sociales, centros comerciales, parques, oficinas— siempre con un trato respetuoso, hasta llegar al punto de plantearles la posibilidad de encuentros íntimos remunerados. Al inicio pensé que recibiría una gran cantidad de rechazos o insultos, pero la experiencia me sorprendió.
No soy un hombre especialmente atractivo ni millonario, aunque procuro vestir bien y expresarme con educación. Aun así, la cantidad de mujeres que aceptaron fue considerable: casadas, solteras, con pareja, e incluso algunas de estratos económicos altos. Mi tasa de éxito rondó el 60 %, lo cual me pareció elevado.
El incentivo principal fue, por supuesto, el dinero. Sin embargo, en varias ocasiones logré convencerlas de que no se trataba de prostitución, sino de una relación de “amigos con beneficios”. El monto máximo que ofrecí por encuentro fue de 300.000 pesos.
Lo que más me sorprendió fue la cantidad de mujeres con pareja que accedieron. Esta experiencia, aunque no tiene rigor científico, me llevó a concluir que en Colombia existe un número significativo de mujeres dispuestas a aceptar este tipo de acuerdos.
Nota: No me casare nunca con una mujer Colombiana (hay excepciones pero toca buscar muy bien)
Para ello, abordé mujeres en distintos espacios —redes sociales, centros comerciales, parques, oficinas— siempre con un trato respetuoso, hasta llegar al punto de plantearles la posibilidad de encuentros íntimos remunerados. Al inicio pensé que recibiría una gran cantidad de rechazos o insultos, pero la experiencia me sorprendió.
No soy un hombre especialmente atractivo ni millonario, aunque procuro vestir bien y expresarme con educación. Aun así, la cantidad de mujeres que aceptaron fue considerable: casadas, solteras, con pareja, e incluso algunas de estratos económicos altos. Mi tasa de éxito rondó el 60 %, lo cual me pareció elevado.
El incentivo principal fue, por supuesto, el dinero. Sin embargo, en varias ocasiones logré convencerlas de que no se trataba de prostitución, sino de una relación de “amigos con beneficios”. El monto máximo que ofrecí por encuentro fue de 300.000 pesos.
Lo que más me sorprendió fue la cantidad de mujeres con pareja que accedieron. Esta experiencia, aunque no tiene rigor científico, me llevó a concluir que en Colombia existe un número significativo de mujeres dispuestas a aceptar este tipo de acuerdos.
Nota: No me casare nunca con una mujer Colombiana (hay excepciones pero toca buscar muy bien)
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