Un saludo, compañeros. Aquí Rubén, el abuelo de 75 años que ya se ha hecho tan famoso por aquí. Aunque lo que les voy a contar no es temática explícita de este foro, creo que merece la pena exponer el relato de mi último encuentro en Medellín .
Ya sabéis las chiquillas jóvenes de por aquí que he catado… pero el motivo real de venir hasta Medellín era pongámosle el pseudónimo de Mía, una muchacha de 19 añitos a la que llevo exactamente un año haciendo privados en Stripchat. Cada semana entraba en su sala, a veces dos o tres veces, le dejaba propinas generosas y pasábamos buenos ratos solos: ella bailando, tocándose, pidiéndome que le dijera qué quería ver, charlando de todo… Se creó una conexión especial. Siempre le decía: «Un día voy a Medellín a tomarte ese café», y ella se reía y contestaba «ay papi Rubén, sería lindo».
Cuando aterricé aquí le escribí que ya estaba en la ciudad. Pero Mía no hace encuentros en persona. Lo repite siempre: solo webcam, nada de quedar en persona, que es muy peligroso para ella. Me lo dijo claro varias veces.
Estuve casi una semana hablando con ella todos los días por WhatsApp, con mucha paciencia y respeto. Le mandé varios regalitos por Nequi y poco a poco se fue haciendo más receptiva, hasta que al final aceptó tomar un café en una terraza concurrida de El Poblado, a plena luz del día, con la promesa de que si quería se iba en cualquier momento.
Llegó preciosa: pelo negro largo, carita de ángel con esa sonrisa pícara que me volvía loco en los privados, piel morenita suave, cuerpo espectacular con unas tetas naturales perfectas, cintura estrecha y un culito redondo que quita el aliento. (No pongo foto por respeto absoluto a su privacidad; ella no hace citas y no quiero exponerla).
Estuvimos charlando casi dos horas. Se rió con mis historias, me habló de sus estudios, de sus planes… Se le veía cómoda, confiada después de un año conociéndome por cámara.
Cuando llegó la hora de despedirnos, yo no quería que terminara ahí. Con todo el respeto del mundo, le dije que me gustaría seguir hablando un rato más en privado, en mi hotel que estaba a dos pasos, un sitio decente y discreto. Ella dudó, me recordó que nunca había hecho algo así, que tenía miedo. Ahí fue cuando le ofrecí una suma importante: dos millones de pesos en efectivo, mucho más de lo que cuesta cualquier chica de lujo aquí, para que se sintiera compensada, tranquila y valorada por romper su propia regla conmigo.
Se quedó callada un momento, me miró a los ojos, vio que iba en serio y que no era un juego. Al final, después de pensarlo, sonrió tímidamente y dijo que sí, que conmigo se sentía segura después de tanto tiempo hablando y que me había portado como un caballero, así que por fin subimos a mi habitación.
Compañeros, lo que pasó después fue de otro planeta. Nos besamos despacito, como si lleváramos meses esperándolo. Le quité el vestidito veraniego, le besé el cuello, los hombros, esos pechitos que tantas veces había visto en pantalla… Le chupé los pezoncitos oscuros hasta que se le pusieron durísimos. Ella me quitaba la camisa con manos temblorosas y me decía bajito: «papi, por fin te toco de verdad».
Le comí el coñito un rato largo, despacio, como ella me pedía en los privados; estaba empapada y gemía agarrándome la cabeza calva. Luego me hizo una mamada increíble, mirándome a los ojos como en la cámara, pero ahora de carne y hueso.
La puse a cuatro patas —esa postura que tanto me pedía que le describiera— y se la metí poco a poco, disfrutando cómo ese coñito joven y apretadito me envolvía. Después embestí con más ganas, agarrándole la cintura fina, y ella gritaba «¡ay papi Rubén, sí, más fuerte!». Cambiamos varias veces: ella encima moviendo las caderitas como en sus shows, misionero para verle la carita de placer mientras esas tetas perfectas rebotaban…
Estuvimos más de dos horas y media. Se corrió varias veces, yo también. Al final nos quedamos abrazados, hablando en voz baja. Me repitió que nunca había quedado con nadie de la webcam, que los dos millones la ayudaban mucho para pagarse la carrera,pero que conmigo había sido diferente por la confianza de todo este año.
Le di los dos millones en efectivo, más una propina extra porque se lo merecía de sobra. Se fue con una sonrisa grande y un beso largo, diciéndome que le escribiera pronto.
Compañeros, después de pasar estás semanas increíbles en Medellín, parto para Cali, todavía con el olor de esa muchacha en la piel. Después de un año de privados y de convencerla con paciencia, tenerla por fin en mis brazos ha sido lo más grande que me ha pasado a mis 75 años. Mía es una muchacha especial, dulce y apasionada.
Con la máxima discreción, como siempre. Si alguien quiere consejos para tratar con camgirls con respeto y paciencia, o detalles de hoteles buenos en El Poblado, privado y os cuento.
Un abrazo fuerte
Don Rubén.
Ya sabéis las chiquillas jóvenes de por aquí que he catado… pero el motivo real de venir hasta Medellín era pongámosle el pseudónimo de Mía, una muchacha de 19 añitos a la que llevo exactamente un año haciendo privados en Stripchat. Cada semana entraba en su sala, a veces dos o tres veces, le dejaba propinas generosas y pasábamos buenos ratos solos: ella bailando, tocándose, pidiéndome que le dijera qué quería ver, charlando de todo… Se creó una conexión especial. Siempre le decía: «Un día voy a Medellín a tomarte ese café», y ella se reía y contestaba «ay papi Rubén, sería lindo».
Cuando aterricé aquí le escribí que ya estaba en la ciudad. Pero Mía no hace encuentros en persona. Lo repite siempre: solo webcam, nada de quedar en persona, que es muy peligroso para ella. Me lo dijo claro varias veces.
Estuve casi una semana hablando con ella todos los días por WhatsApp, con mucha paciencia y respeto. Le mandé varios regalitos por Nequi y poco a poco se fue haciendo más receptiva, hasta que al final aceptó tomar un café en una terraza concurrida de El Poblado, a plena luz del día, con la promesa de que si quería se iba en cualquier momento.
Llegó preciosa: pelo negro largo, carita de ángel con esa sonrisa pícara que me volvía loco en los privados, piel morenita suave, cuerpo espectacular con unas tetas naturales perfectas, cintura estrecha y un culito redondo que quita el aliento. (No pongo foto por respeto absoluto a su privacidad; ella no hace citas y no quiero exponerla).
Estuvimos charlando casi dos horas. Se rió con mis historias, me habló de sus estudios, de sus planes… Se le veía cómoda, confiada después de un año conociéndome por cámara.
Cuando llegó la hora de despedirnos, yo no quería que terminara ahí. Con todo el respeto del mundo, le dije que me gustaría seguir hablando un rato más en privado, en mi hotel que estaba a dos pasos, un sitio decente y discreto. Ella dudó, me recordó que nunca había hecho algo así, que tenía miedo. Ahí fue cuando le ofrecí una suma importante: dos millones de pesos en efectivo, mucho más de lo que cuesta cualquier chica de lujo aquí, para que se sintiera compensada, tranquila y valorada por romper su propia regla conmigo.
Se quedó callada un momento, me miró a los ojos, vio que iba en serio y que no era un juego. Al final, después de pensarlo, sonrió tímidamente y dijo que sí, que conmigo se sentía segura después de tanto tiempo hablando y que me había portado como un caballero, así que por fin subimos a mi habitación.
Compañeros, lo que pasó después fue de otro planeta. Nos besamos despacito, como si lleváramos meses esperándolo. Le quité el vestidito veraniego, le besé el cuello, los hombros, esos pechitos que tantas veces había visto en pantalla… Le chupé los pezoncitos oscuros hasta que se le pusieron durísimos. Ella me quitaba la camisa con manos temblorosas y me decía bajito: «papi, por fin te toco de verdad».
Le comí el coñito un rato largo, despacio, como ella me pedía en los privados; estaba empapada y gemía agarrándome la cabeza calva. Luego me hizo una mamada increíble, mirándome a los ojos como en la cámara, pero ahora de carne y hueso.
La puse a cuatro patas —esa postura que tanto me pedía que le describiera— y se la metí poco a poco, disfrutando cómo ese coñito joven y apretadito me envolvía. Después embestí con más ganas, agarrándole la cintura fina, y ella gritaba «¡ay papi Rubén, sí, más fuerte!». Cambiamos varias veces: ella encima moviendo las caderitas como en sus shows, misionero para verle la carita de placer mientras esas tetas perfectas rebotaban…
Estuvimos más de dos horas y media. Se corrió varias veces, yo también. Al final nos quedamos abrazados, hablando en voz baja. Me repitió que nunca había quedado con nadie de la webcam, que los dos millones la ayudaban mucho para pagarse la carrera,pero que conmigo había sido diferente por la confianza de todo este año.
Le di los dos millones en efectivo, más una propina extra porque se lo merecía de sobra. Se fue con una sonrisa grande y un beso largo, diciéndome que le escribiera pronto.
Compañeros, después de pasar estás semanas increíbles en Medellín, parto para Cali, todavía con el olor de esa muchacha en la piel. Después de un año de privados y de convencerla con paciencia, tenerla por fin en mis brazos ha sido lo más grande que me ha pasado a mis 75 años. Mía es una muchacha especial, dulce y apasionada.
Con la máxima discreción, como siempre. Si alguien quiere consejos para tratar con camgirls con respeto y paciencia, o detalles de hoteles buenos en El Poblado, privado y os cuento.
Un abrazo fuerte
Don Rubén.